
Daltonismo en la prensa de hoy en día
Por 'El Colador'
Soy daltónico, lo confieso. Pero no un daltónico cualquiera. Sufro la enfermedad de una manera totalmente desconocida hasta la fecha. Por ahora sigo sin saltarme los semáforos en verde. Al igual que la hepatitis tiene un abecedario personal que va desde la “a” hasta la “c”, yo sufro de una nueva variante daltónica propia de este nuevo siglo en el que nos encontramos inmerso. La sociedad de la información.
Mi problema radica en la distinción de dos colores tan dispares como el blanco y el negro. Hablo del llamativo amarillo siempre presente en una de las siete franjas del arcoíris y el “divino” rosa. Tengo muchos problemas para distinguir estos colores. La enfermedad sólo sale a la superficie cuando mis ojos y mis oídos, aunque a veces todos mis sentidos juntos, entran en contacto con la prensa, ya que todavía para mi, las judías siguen siendo verdes y los tomates rojos, bueno, cuando están maduros, eso sí. De la misma forma, la bandera de Andalucía no se ha convertido en la de Austria y por supuesto la Plaza Roja de Moscú no se ha vuelto de repente ecologista.
¿Os acordáis de la famosa prensa amarilla que tanta importancia adquirió a finales del siglo XIX y principios del XX en Estados Unidos? Para los que no la recuerden ó, no sepan nada de ella, es el nombre que se dio al tipo de prensa sensacionalista la cual se originó durante la 'batalla' periodística entre el diario New York World de Joseph Pulitzer y el New York Journal de William Randolph Hearst, de 1895 a 1898. Pues bien, cuando leo, oigo o veo algo relacionado con la prensa rosa, para los que no conozcan nada sobre ella -lo dudo bastante, pues nada escapa a su poder-, la dedicada a plasmar todo tipo de chismorreos sociales, parece como si Pulitzer y Hearst se levantaran de su tumba. No veo diferencia entre estos dos tipos de periodismo.
Este tipo de prensa si hubiera sido devota de la religión budista, a su muerte, se hubiese reencarnado evidentemente en un animal, en cuyo caso sería un buitre, consumidor habitual de carroña y poseedor de una bien merecida mala fama entre todos los integrantes del reino animal.
La prensa amarilla, o sea, la sensacionalista, la veo de color rosa. Sé que son los efectos del daltonismo porque es lo mismo, no hay diferencias. Donde podría haber dos, sólo hay uno. Incluso el famoso personaje The Yellow Kid nacido en el World, lo estuve viendo durante varios años presentando un famoso programa que supongo que trataría de temas agrícolas, pues su simbolito era un tomate. Titulares de catástrofes, gran despliegue de fotografías e imágenes, cualquier tema es bueno y, sobre todo, inventarse noticias o detalles a cerca de un suceso determinado. No hay duda, soy daltónico.


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