La economía nos es humana

Por Lara Monrosi

Nos hacen creer que existe una economía humana, una economía que piensa en el individuo, en su beneficio, preocupada por nuestros intereses sociales. Falacias.

Últimamente, y debido a esta gran crisis en la que se ha sumergido el mundo capitalista, ideólogos, periodistas y económicos de gran corazón nos hacen creer que quizás, posiblemente, las empresas, y los empresarios, por consiguiente, no lo hicieron de la mejor forma.

Ahora, después de los despidos, de las miles de personas que siguen alimentando diariamente las colas del paro, de las millones de familias en todo el mundo que ya no pueden pagar una simple hipoteca, estos señores salen diciéndonos que quizás, habría que dotar de un poco de corazón al mundo empresarial.

Ofrecen la posibilidad de realizar un maravilloso “juramento hipocrático empresarial”, una absurda tabla de diez mandamientos en la que se debería recoger los principios éticos de cualquier empresario. Un poco de honestidad, señores.

La economía, tal y como está estructurada hasta la fecha, ha sido y es un sistema mediante el cual se beneficia una  minoritaria parte de la población mundial. Entretanto, durante caídas de bolsas y reuniones de presidentes de los gobiernos con los dueños de las bancas, la otra mitad se muere de hambre. Así de sencillo.
Mientras que esta estructura no cambie, mientras que de verdad no se piense en los beneficios de las personas y no se les mire como simples números hipotecarios, la economía seguirá siendo una cuestión alejada de la realidad cotidiana de los ciudadanos de a pie.

¿Por qué la sociedad no entiende de economía? ¿Por qué en la mayoría de los casos cuando leemos los periódicos y llegamos a esta sección en concreto  nos la saltamos porque nos parece indescifrable? En mi opinión, la mayoría de las personas ven y sienten que la economía, al igual que la política, están muy alejadas de ellos, que no les toca de lleno, cuando la realidad es bien distinta.
Es más que probable que sus condiciones, su contexto y muchas de las circunstancias de su vida se vean reflejada en barómetros, esquemas y tablas que nunca llegarán a comprender.

Ese empeño oscurantista de seguir con una economía de burbuja, ¿a quién beneficia? ¿A quién favorece realmente tanta incomprensión? Hablemos, pues, de la humanización de la materia, enseñemos a los responsables a ser transparentes, a ser humanos, a tener corazón, a ver por detrás de las cifras, de los datos.
Déjense de cuentos, de juramentos, y aterricen en el mundo real, en las colas del paro, y levántense de la silla de sus despachos para mirar por la ventana.

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