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CUENTOS DE ARTE Y OTROS PAISAJES...
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Dípteros, nematóceros y demás culícidos

Por Maikel Perdiz

Paseaba por las inmediaciones de nuestra Hispalis capital. Sobre las aceras, sobre el carril bici, quizás, por encima de alguna que otra calzada. Pues así es como se aprecian mejor sus queridos encantos y temidos desencantamientos.

Pensaba…

Deambulaba por la ciudad con exiguo interés por las innovaciones estéticas de hoy día. Y es quizás exagerar el apelativo peyorativo “mojón”, cuando hemos de utilizarlo (aun siendo una verdad como un templo de grande) para comunicar el grado de implicación de los artistas y sus obras en la época que nos ha tocado vivir.

El artista del siglo XXI, nacido en el XX, es un bastardo y un díptero para la Historia del Arte. No hay más que ver que se alimenta de la teta de otra madre y de la sangre de “Otros” mucho mayores que él. Es así porque no crea, y evita el conocimiento y enmascara su ignorancia tras la técnica o lo que es peor: el concepto vanguardista. 

Decía Lionello Venturi: “Un artista va más allá de la tradición de su ambiente, crea algo nuevo, inexistente en la tradición.”, o “El arte se distingue de la obra de imitación o de invención por su creatividad”.

Es necesario hacerse, como mínimo, la pregunta de: ¿es esto cuanto vemos y queremos ver hoy día? Es decir: ¿dentro de qué parámetros se mueve exactamente el arte contemporáneo –no solo de vanguardia- con respecto al concepto creativo y nuevo? ¿Han sido este tipo de preguntas tantas veces formuladas que tanto la crítica como los mismos artistas no prestan atención a este problema? ¿Tratan de huir por obtener la etiqueta de “aburridos” y lo que resulta más abyecto, ¡de forma vergonzosa se vanaglorian de sus obras!, apoyándose por necesidades económicas o de prestigio entre ellos?, ¿Quién se enorgullece, cuando va a dormir, de su talento o de los fondos que tiene en su propia “hospedería de arte”?.

Como un enjambre de poderosas avispas africanas, las galerías y salas de exposiciones se ponen de acuerdo para cerrar aleatoriamente sus puertas al público todas las semanas, obviando, aquellas “avispas” que en su intento por salir al reborde de la colmena, abren y cierran sus ínfimos espacios a voluntad particular, asemejándose a “abejorros” del campo artístico…

Quizá, estos deban preocuparse mucho más por la calidad, profundidad, argumentos y  trascendencia expositiva y menos por ese tipo de prestigio equívocamente atribuido y que tantas hospederías de arte anhelan conservar, empleando sus esfuerzos, sin pelear entre ellas como chiquillos en el recreo por un caramelo... Antes bien, deberían encontrar una respuesta rápida y duradera al problema que se plantea aquí mismo.

Sean positivos, salgan, paseen, vean y piensen… los parques son lugares idóneos.

Territorio ñ
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