Vivir
Anónimo
Miraba todas las tardes por la ventana, con la esperanza de que esa persona soñada estuviera esperando en mi puerta con la típica excusa tonta con la que empiezan todos los cuentos de hadas. Que si un zapato, una manzana, o que, simplemente, se le había acabado la sal...
Cientos de tardes perdidas, frente a la ventana, mientras observaba como caía la tarde. Las nubes se agrupaban, ocultaban el azul del cielo, despejaban la mente, y aclaraban ideas, pero yo sólo miraba la calle. Una calle y sus gentes pasando, con sus mentes ocupadas pensando en otras mentes, otras personas, otros sueños. Sin preocuparse por mí.
Cientos de tardes desperdiciadas con la idea fija de que el mundo gira en torno a mis preocupaciones, mi mente, mi persona, mis sueños. Ego idiota, tan importante para sí mismo que no se molestó en mirar al cielo para ver como su azul se tornaba en gris e inundaba la calle de agua, arrastrando toda esperanza de que la persona soñada estuviera esperando en mi puerta con la típica excusa tonta con la que empiezan todos los cuentos de hadas...
Desde ese día, cada tarde miro al cielo, con el deseo de que no vuelva a llover, para que las esperanzas de que el amor llame a mi puerta no sean arrastradas calle abajo por un torrente de agua.
Me pregunto qué tendrá que pasar para que me de por salir de la habitación y dejar de mirar la vida para empezar a vivirla...

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